La impaciencia del corazón de Stefan Zweig

Mi mano permaneció inerte sobre su brazo no sé durante cuánto rato, pues el tiempo se detuvo en aquellos minutos y se quedó tan quieto como el aire de la habitación. Luego sentí un ligero e incipiente esfuerzo en sus músculos. Con la cara vuelta hacia el otro lado, sin mirarme, con su mano derecha…

Rendición de Ray Loriga

Una vez que se admite que Dios no lo ha elegido a uno para nada extraordinario, se empieza a vivir de veras como se tiene que vivir, con los pies y las manos dentro de un círculo marcado en la arena, sin pisar más allá de lo que te toca ni querer coger lo que…

La verdad sobre el caso de Harry Quebert de Joël Dicker

En un momento de despiste, dejó que el agua cubriera sus tobillos; sorprendida, se echó a reír. Luego se aventuró un poco más en el océano gris, dando vueltas sobre sí misma y ofreciéndose a la inmensidad. Era como si el mundo le perteneciese. En su cabello rubio movido por el viento, un pasador amarillo…

Joyita de Patrick Modiano.

La niña titubeaba antes de entrar. Me echó una última mirada mientras me decía “Hasta mañana” con voz preocupada, como si no estuviera segura de que fuera a volver. El señor Valadier hizo un ademán impreciso. Luego entró y cerró la puerta. Yo seguía quieta, al otro lado del bulevar, bajo los árboles. En el…

Del color de la leche. Nell Leyshon.

bueno, encima de madre no se había posado ni una mosca desde el año mil setecientos noventa y dos cuando tenía una semana y una mosca entró en la habitación y se posó encima de su cuna. pero incluso entonces fue rápida como un río y mató a aquella mosca y desde aquel día todas…

Huesos en el jardín. Henning Mankell

Decididamente, Elin Trulsson era muy anciana. Tenía la cara surcada de profundas arrugas que se hundían en la piel. Wallander pensó que era muy hermosa. Como el tronco de un árbol añoso. No era la primera vez que pensaba algo así. La idea lo sorprendió por primera vez mientras observaba el rostro de su padre….

La fotografía. Penelope Lively

Levanta la vista de la fotografía extendida y la fija en la  ventana, impresionado por la idea. ¡Qué raro! Todo el parloteo que nos da vueltas en la cabeza procede de los demás, nunca de nosotros mismos. Ellos hablan, pero nosotros no respondemos, y como no hay intercambio se pierde una prueba vital.   Cuatro…

El palacio azul de los ingenieros belgas. Fulgencio Argüelles.

Cada vez que recortaba un seto o podaba un rosal pensaba si no estaría hiriendo la naturaleza, pero me alejaba tres pasos y al contemplar tanta belleza concluía que no podía haber nada malo en aquella idea mía de crear nuevas circunstancias de belleza a partir de la belleza misma.[…] Y entonces pensaba que bien…

Misterios. Knut Hamsun.

Cuando al fin uno se ha vuelto viejo e impermeable por la vejez, satisfecho y curado de placeres, entonces va a los jóvenes y les dice: “¡Renuncia al demonio!” y el joven lo piensa y lo medita, y reconoce que esto sería correcto según las escrituras. Y, sin embargo, el joven no renuncia, sino que…

El abanico de seda. Lisa See.

Flor de Nieve contestaba: “Hoy he mirado por la celosía de mi habitación. He pensado en el fénix que sale en busca de un compañero, y entonces me he acordado de ti”. CHUM, CHUM CHUM, CHUM CHUM. CHUM CHUM, CHUM CHUM. CHUM CHUM, CHUM   Bueno, bueno, bueno. ¡Qué alegría nos da tener entre las…