El palacio azul de los ingenieros belgas. Fulgencio Argüelles.

Cada vez que recortaba un seto o podaba un rosal pensaba si no estaría hiriendo la naturaleza, pero me alejaba tres pasos y al contemplar tanta belleza concluía que no podía haber nada malo en aquella idea mía de crear nuevas circunstancias de belleza a partir de la belleza misma.[…] Y entonces pensaba que bien…